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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Relationships Between Offenders’ Crime Locations and Different Prior Activity Locations as Recorded in Police Data”, de Curtis-Ham, S.; Bernasco, W.; Medvedev, O. N. y Polaschek, D. L. L. (2022), en el que los autores realizan un exhaustivo estudio para conocer más acerca de los patrones de elección geográfica de los criminales, para saber si existe relación entre éstos y la rutina de los delincuentes. 

Sabemos, gracias a la teoría de la actividad rutinaria y a la teoría del patrón delictivo, que los delitos ocurren cuando la oportunidad (es decir, la presencia de un objetivo adecuado y disponible) se superpone con los lugares conocidos de los delincuentes a través de sus actividades rutinarias no delictivas, como el lugar donde viven, trabajan o socializan con familiares o amigos.

El desarrollo teórico reciente sugiere que algunos tipos de lugares de actividad son más destacados que otros para las elecciones de ubicación del crimen de los delincuentes. Comprender cuál es más probable que elijan para cometer sus delitos tiene implicaciones muy importantes para la prevención y la investigación de éstos. Puede ayudar a identificar las ubicaciones de alto riesgo e informar de las estrategias más adecuadas para la gestión de los riesgos. También puede ayudar en la elaboración de perfiles geográficos para la investigación del crimen. 

Pero, a pesar de la importancia práctica de poder predecir, a nivel individual, dónde cometerá un delito una persona, hay poca investigación que explore de forma empírica la medida en que los diversos tipos de lugares de actividad se diferencian unos de otros en su influencia sobre el crimen. 

Los estudios hasta la fecha sólo han comparado un subconjunto limitado de ubicaciones (por ejemplo, el hogar del delincuente, hogares de miembros de su familia, o ubicaciones de delitos anteriores). Este estudio aprovecha un gran conjunto de datos nacionales de ubicaciones muy dispares, pertenecientes a actividades de los delincuentes, previas al delito y registradas en una base de datos policial, en un contexto no investigado con anterioridad (Nueva Zelanda). 

Basándose en la psicología ambiental, la teoría del patrón delictivo enfatiza el papel de las actividades rutinarias de las personas en la generación de conciencia sobre las oportunidades delictivas. 

En primer lugar, los delincuentes podrían identificar oportunidades delictivas con mayor facilidad y frecuencia cerca de sus lugares de actividad, llamados nodos. Los estudios cualitativos han confirmado que el hogar, el trabajo y otros lugares de actividad no delictiva tienen el potencial de generar conciencia sobre la oportunidad del delito. Estudios cuantitativos recientes han estimado la mayor probabilidad de que los delincuentes cometan delitos cerca de sus hogares, los hogares de parientes cercanos y las ubicaciones de delitos anteriores, en comparación con otros lugares.

Por otro lado, el papel de las actividades rutinarias en la generación de conciencia sobre las oportunidades delictivas significa que la probabilidad de delinquir suele ser más alta cerca de los nodos de actividad y disminuye con la distancia. Este patrón de disminución de la distancia refleja que las personas están más familiarizadas con las áreas más cercanas que con las más alejadas de sus lugares de actividad, y la familiaridad es un factor importante en la elección de la ubicación del crimen. 

Todo esto también refleja el principio del mínimo esfuerzo: en teoría, las personas viajan la menor distancia necesaria para encontrar la oportunidad de cometer un delito. 

El objetivo principal del artículo es ampliar la comprensión de cómo todas estas asociaciones se dan en la realidad. Para ello, se recogieron datos sobre los delitos y los nodos de actividad de los delincuentes, extraídos de la National Intelligence Application (NIA), una base de datos de la policía de Nueva Zelanda. Los delitos que se incluyeron fueron todos los robos residenciales y no residenciales, robos comerciales y personales y delitos sexuales extrafamiliares cometidos entre 2009 y 2018. Además, en todos ellos se identificó a un delincuente con pruebas suficientes como para proceder en su contra. 

Los resultados obtenidos revelaron que casi todos los nodos se asociaron significativa y positivamente con la elección de la ubicación del crimen. 

De acuerdo con las expectativas basadas en la teoría del patrón delictivo, el crimen casi siempre fue más probable en las inmediaciones de los nodos de actividad y disminuyó con la distancia. Los delitos en el hogar mostraron las asociaciones más fuertes, seguidos por los hogares de la familia inmediata. Esta información es especialmente relevante y novedosa para los robos no residenciales y delitos sexuales extrafamiliares.

Además, parece ser que las personas son más propensas a delinquir cerca de los hogares de la familia inmediata frente a otros parientes más lejanos y parejas íntimas. 

Estos hallazgos, señalan los autores, son interesantes porque pueden contribuir a identificar con mayor exactitud quién es más probable que haya cometido un delito en un lugar en concreto, dada la naturaleza y la proximidad de sus nodos de actividad. 

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Characteristics of Sexual Homicide Offenders Focusing on Child Victims: a Review of the Literature”, de Page, J.; Tzani-Pepelasi, K. y Gavin, H. (2022), en el que las autoras realizan una revisión de la literatura existente sobre los perfiles criminales de los asesinos sexuales, centrándose, específicamente, en aquellos casos donde las víctimas son niños o adolescentes jóvenes. 

El homicidio sexual se ha vuelto cada vez más popular en los últimos años desde el punto de vista de la investigación científica, especialmente aquel en el que las víctimas son niños.

Aunque el homicidio sexual es un fenómeno raro, que representa sólo entre el 1-4% de los homicidios registrados en Norteamérica y Reino Unido en los últimos años, el público considera estos delitos como los más abominables, y les suele dar mucho más protagonismo. 

Cuando la víctima es un niño, además, atrae intensos niveles de atención de los medios, además, el escrutinio público hacia las fuerzas policiales investigadoras y la presión para realizar un arresto rápidamente son severos. 

Sin embargo, ha habido problemas para definir el homicidio sexual, lo que ha hecho difícil clasificar estos delitos. La mayoría de los estudios revisados en este artículo han utilizado la definición del FBI, que considera un homicidio sexual aquel en que, en la escena del crimen hay: “ropa de la víctima o falta de ropa, exposición de las partes sexuales de la víctima, posición sexual de la víctima, inserción de objetos extraños en las cavidades del cuerpo de la víctima, y/o evidencia de relaciones sexuales”. 

Sin embargo, esta definición puede quedarse un poco corta. En 2015, Chan amplió el concepto incluyendo criterios que pueden no estar disponibles en la escena del delito, como la confesión del delincuente o los efectos personales del agresor, ampliando el ámbito de lo que puede calificarse como homicidio por motivación sexual. 

El objetivo principal de este estudio fue revisar la literatura existente sobre los homicidas sexuales y comparar los hallazgos con los homicidas sexuales de niños, para comprobar si existen similitudes. Para ello, se utilizaron bases de datos y bibliotecas online, donde se encontraron estudios relevantes para su revisión, llegando a un total de 72. 

En 2002, Beauregard y Proulx desarrollaron un modelo de homicidas sexuales que sugería dos tipos de modus operandi: sádico e iracundo, luego ampliaron este modelo para incluir el tercer tipo: oportunista

El sádico tenía una tendencia a premeditar el asesinato, a la mutilación, a la humillación y a esconder el cuerpo. Tenía una personalidad ansiosa, con rasgos de una personalidad evitativa, dependiente y esquizoide, así como algún tipo de desviación sexual e hipersexualidad. Además, eran más propensos a tener baja autoestima. Su modus operandi del delito estaría caracterizado por las fantasías sexuales desviadas del sujeto. 

Los comportamientos sádicos en la escena del crimen incluirían la estrangulación, inserción de objetos extraños, mutilación y uso de restricciones en la víctima, lo que podría demostrar las fantasías sexuales sádicas del delincuente. 

El iracundo no planea el delito, pero es más probable que deje el cuerpo en la escena y experimente soledad antes del asesinato. Tienen rasgos de personalidad dramáticos, incluidas las características de personalidad narcisista y dependiente, un estilo de vida antisocial y su modus operandi se basa en su deseo de venganza contra las personas que creen responsables de sus problemas, incluyendo altos niveles de ira, impulsividad y violencia extrema. Debido a esto último, el asesinato puede darse, a pesar de que al principio, las circunstancias sexuales hayan sido consentidas. 

El oportunista tiene un perfil de personalidad también dramático, que incluye rasgos del trastorno de la personalidad narcisista y antisocial. No tendrían problemas en su vida, pero estarían sexualmente insatisfechos. Su modus operandi estaría caracterizado por su necesidad de gratificación sexual y la creencia de que las demás personas sólo existen para satisfacer sus necesidades. La agresión sexual suele ser un delito de oportunidad, por ejemplo, el delito principal puede haber sido un robo y luego ocurrió una agresión sexual como resultado de la disponibilidad de la víctima. 

¿Y con respecto a este tipo de delitos en niños? Estos mismos autores exponen su propio modelo en 2019, tras una revisión de la literatura existente, sobre 72 casos de homicidios sexuales cometidos en Francia. 

La primera de las categorías es la del asesino “intencional/prepúber” (20,9%), con víctimas mayoritariamente masculinas y de corta edad (9 años). Los delincuentes estarían familiarizados con el lugar del crimen y atacarían a sus víctimas dentro de una residencia. La mayoría de ellos penetraban y tocaban sexualmente a las víctimas y trasladaban el cuerpo tras la muerte. Este tipo de delincuente era el más propenso a consumir drogas o alcohol antes de cometer el homicidio. 

Por otro lado, está el tipo “involuntario/preadolescente” (11,1%), con víctimas mayoritariamente masculinas. Se dirigían a víctimas desconocidas (75%) y la mayoría eran asesinadas por estrangulamiento, pero no fueron penetradas sexualmente.

El grupo más común fue el “intencional/preadolescente” (22,2%). Las víctimas masculinas también fueron las predominantes. Estos delincuentes eran propensos a consumir drogas antes del delito. La penetración sexual siempre se realizaba y la humillación ocurría con frecuencia. Además, las víctimas también eran golpeadas con asiduidad. No intentaron ocultar el cuerpo y normalmente lo enterraban de forma parcial. 

El agresor “involuntario/preadolescente” (11,1%) fue uno de los menos comunes y se caracterizó por la exclusividad de mujeres víctimas, además de elegirlas por su corta edad (10 años o menos). En su mayoría, eran niñas desconocidas (75%). Se practicaba siempre la penetración sexual, rara vez movían el cuerpo de la víctima y no intentaban ocultarlo. 

El tipo “intencional/adolescente” (16,7%) se dirige a víctimas de aproximadamente 12 años de edad. Practicaban la penetración sexual y el estrangulamiento, movían el cuerpo de la víctima después del crimen, parecían evitar el contacto social con los demás y eran los más propensos a exhibir comportamientos sexuales sádicos en la escena. 

Finalmente, está el grupo “indiscriminado/adolescente” (18,1%) que se caracterizó por la criminalidad y antecedentes previos. La mayoría de víctimas eran mujeres de aproximadamente 14 años, normalmente desconocidas.

Este modelo propuesto es bastante bueno, ya que menciona la edad de las víctimas, los comportamientos en la escena del crimen, y brinda características aproximadas del delincuente que la policía podría utilizar en las primeras etapas de una investigación. Sin embargo, podría ampliarse para incluir más detalles sobre los antecedentes criminales anteriores o datos geográficos en relación con las víctimas y el criminal, lo cual reforzaría el modelo y lo convertiría en una herramienta de investigación mucho más útil. 

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Predicting rapist type based on crime-scene violence, interpersonal involvement, and criminal sophistication in U.S. stranger rape cases”, de Mellink, I. S. K.; Jeglic, E. L. y Bogaard, G. (2022), en el que las autoras realizan un estudio en el que investigan las particularidades de los casos de violadores en serie y violadores de una sola víctima, para saber cuáles son los elementos propios de cada caso y realizar un análisis comparativo que ayude en la perfilación criminal de casos similares.

La violencia sexual es un grave problema de salud pública en todo el mundo. Sólo en los Estados Unidos, una de cada seis mujeres ha sido víctima de un intento de violación o de una violación consumada a lo largo de su vida. Por lo tanto, parece una necesidad de gran urgencia comprender mejor a quienes cometen agresiones sexuales para aumentar las tasas de condena. 

Las pruebas físicas, como el ADN o las huellas dactilares encontradas en la escena del crimen, a menudo no se encuentran o, si se encuentran, pueden no ser concluyentes. Por ello, si establecemos un vínculo entre el delito y el delincuente utilizando otros medios, será valioso para la investigación, al reducir el grupo de posibles sospechosos. 

La elaboración de perfiles criminales es una de las muchas técnicas que ayudan en el proceso de investigación, de identificación, localización y arresto de delincuentes en general y en casos de violación en particular. 

En la perfilación criminal, se usan las características de la escena del crimen para inferir información que ayude a reducir la lista de sospechosos y a aprehender al victimario.

Al atender a los comportamientos observables de la escena del crimen, las fuerzas del orden pueden identificar pistas sobre el tipo de delincuente con el que están tratando, como la probabilidad de que el delincuente sea un violador en serie, o bien un violador de una sola víctima. 

¿Por qué este último punto es importante? Precisamente porque, si hay características de la escena del crimen que asocien el caso con que el victimario sea un violador en serie, esto podría indicarnos que ha cometido otros delitos similares, lo que, a su vez, puede dar a los investigadores la idea de buscar en sus bases de datos los antecedentes penales de los sospechosos y así, hacer una importante criba. 

Para comprender mejor a quienes cometen violaciones, los delincuentes pueden clasificarse en función de variables del comportamiento o de su modus operandi.

Desde el punto de vista de la mayoría de expertos, la violación se ve como un suceso en el que el delincuente trata su víctima de manera similar a cómo trataría a otras personas en un contexto no delictivo. 

Esto, sumado a otros hallazgos, sugiere que es posible vincular un delito y un delincuente por su comportamiento. Esta vinculación se basa en dos ideas: la consistencia y la variabilidad. La consistencia se refiere a que el comportamiento delictivo de un sujeto es consistente, lo que significa que una misma persona probablemente se comporte de manera similar en otros delitos. Y variabilidad se basa en que dos delincuentes no se comportarán exactamente de la misma manera, lo que permite distinguirlos. 

Los autores deciden centrarse en las diferencias que existen entre los violadores en serie y los violadores de una sola víctima y que se pueden extraer en base a su comportamiento en la escena del crimen. Hay una gran escasez de literatura empírica al respecto, pero un estudio de 1987 arroja algunas ideas interesantes, como que los violadores de una sola víctima tienen más probabilidades de ser conocidos por sus víctimas que los violadores en serie, y prefieren usar un enfoque seguro en lugar de un ataque rápido. Con los violadores en serie pasaría al contrario. 

En el presente estudio, los autores utilizaron los datos relativos a los casos de 3.168 internos de una prisión de Nueva Jersey, que cumplían condena en el momento de escribir el artículo por delitos sexuales. 

Encontraron que los violadores de una sola víctima y los violadores en serie pueden diferenciarse los unos de los otros, efectivamente, según su comportamiento; y además, los autores clasifican los casos según tres categorías: violencia, sofisticación criminal y comportamiento interpersonal. 

Los violadores de una sola víctima tienen más probabilidades de tener una escena del crimen con características violentas, y son más propensos a penetrar digitalmente y amenazar a sus víctimas. 

Por otro lado, los violadores en serie, tienen una escena del crimen más sofisticada desde el punto de vista criminal, por ejemplo, incapacitan a la víctima o usan un arma. Esto está en línea con investigaciones anteriores que muestran que los violadores en serie son más sofisticados en general. 

Los violadores en serie usan armas con mayor probabilidad, la cual tiende a ser una pistola o un cuchillo, y, además de incapacitar a su víctima con mayor frecuencia, como ya hemos mencionado, también suelen preparar a la víctima y guiarla o atraerla a algún lugar. También es menos probable que este tipo de violadores consuma drogas o alcohol durante el delito o inmediatamente antes de éste, para seguir siendo criminalmente sofisticados y evitar ser detectados, puesto que no les compensa arriesgar su éxito consumiendo estas sustancias. 

A pesar de obtener algunas ideas interesantes, los autores señalan la necesidad de continuar investigando sobre el proceso criminológico completo de la violación, desde la víctima al victimario, y lo que se relaciona con la escena del crimen, ya que sólo conociendo y entendiendo estos datos seremos capaces de mejorar la prevención.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Necrosadism: exploring the sexual component of post-mortem mutilation of homicide victims” de Pettigrew, M. (2022), en el que el autor examina un caso real de varios asesinatos, valorando si existe necrosadismo y por qué.

El necrosadismo es un tema poco investigado dentro de los comportamientos relacionados con la necrofilia y, como resultado, no sólo no se comprende, sino que se define mal, según comenta el autor. 

Normalmente, se entiende como “contacto sexual con un muerto”, y se define a los necrosadistas como “personas que cometen asesinatos para tener sexo con el cadáver de la víctima”. 

Es en 2009 cuando Aggrawal define de forma más correcta lo que sería el necrosadismo: “el trastorno parafílico sexual que implica ataques deliberados a los cadáveres, sometiéndolos a humillaciones considerables y mutilaciones sin sentido”. 

Se ha discutido en algunos casos que, el término “necrosadismo” es algo contradictorio, ya que la esencia del sadismo es la dominación, la degradación. Es la gratificación derivada de infligir dolor a través del sufrimiento psicológico o físico. Por tanto, si el destinatario de tal comportamiento es un cadáver, no es un ser vivo, es incapaz de sentir y, por tanto, lo que se le hace son simplemente actos de destrucción gratuita, innecesaria y cruel. Esto se refleja en algunos sistemas jurídicos que no reconocen los actos necrófilos como de naturaleza sexual. 

Sin embargo, existe un debate importante en torno al término, y aunque a ojos del autor resulta algo contradictorio, el término “necrosadismo” persiste en su utilización. 

Los comportamientos posteriores al homicidio son áreas importantes de análisis en dos sentidos: la psicología del delincuente y la aplicación de la ley. 

Con respecto a la psicología del delincuente, podemos decir que, si bien el modus operandi de un delincuente puede cambiar, su firma permanece relativamente sin cambios. Esta firma es lo que se relaciona con la psicodinámica del delincuente. Este término se refiere a los procesos mentales y emocionales que subyacen en el comportamiento humano. La víctima es tratada como un accesorio que se utilizará para cumplir las fantasías sexuales violentas del delincuente, y esto dejará su huella en las escenas del crimen. 

Por ejemplo, cuando un delincuente pone a la víctima en una postura concreta, le inserta ciertos objetos, mutila su cadáver…, puede estar representando fantasías sexuales. 

Todo esto es algo que ha ido adquiriendo interés para los expertos del comportamiento criminal, sin embargo, parece ser que no se le ha prestado mucha atención cuando el comportamiento sádico, parafílico y necrofílico se da de hombres contra hombres.

Por este motivo, el autor decide explorar un caso práctico real a través de entrevistas policiales, informes sobre la escena del crimen, la autopsia, fotografías de la escena del crimen, declaraciones de los testigos, etcétera. 

El delincuente era un hombre blanco soltero de 49 años, que cometió cuatro asesinatos. Disfrutaba de relaciones sexuales con hombres, dentro de las cuales llevaba a cabo prácticas sadomasoquistas (BDSM), la esclavitud, la disciplina, el sadismo en general…, y él siempre era la parte dominante de la pareja. Su excitación sexual y la humillación de sus parejas sexuales parecían indisolubles. 

Su primera víctima fue abordado de noche, se produjo un intercambio verbal y el delincuente se abalanzó sobre él, apuñalándolo de forma frenética, recibiendo la víctima un total de 27 cuchilladas.  

En un ataque tan frenético, es concebible que el delincuente haya apuñalado a la víctima post-mortem sin saber que ya había muerto, por lo que era necesario esclarecer este punto. El delincuente confirmó que sí sabía que la víctima estaba muerta en el momento en que le bajó los pantalones y le apuñaló las nalgas. Admitió también un deseo necrosádico de infligir heridas punzantes al cuerpo inerte de la víctima, ya que fue a buscarlo al día siguiente para continuar apuñalándolo. 

A otra víctima también la apuñaló, post-mortem, de forma intencionada. Otra víctima diferente fue encontrada en una zona donde se daban encuentros de cruising entre hombres, con su pene expuesto y apuñalado. 

Si bien el modus operandi del delincuente variaba, la forma de matar se mantenía constante. Había heridas que se infligían después de la muerte, y el delincuente admitió saber que las víctimas habían muerto cuando las realizó. Además, el delincuente comentaba haber vuelto a la escena del crimen al día siguiente y buscar el cuerpo para continuar agrediéndolo. 

El delincuente se excitó sexualmente al infligir las heridas, tal y como señalaron los psiquiatras forenses. 

Es el factor tiempo el que confirma el impulso necrosádico. Un delincuente puede apuñalar o mutilar a la víctima durante el homicidio y algunas de estas heridas pueden infligirse post-mortem, pero esto no es necesariamente indicativo de necrosadismo. El comportamiento necrosádico, en este caso, se confirma por el lapso de tiempo entre la muerte y la realización de las heridas post-mortem, además de que el delincuente quería regresar con sus víctimas a las horas de haber cometido el asesinato para infligirles más heridas. 

Es la certeza de que la víctima estaba muerta lo que proporciona evidencia para decir que existía un componente necrosádico. Como tal, y teniendo en cuenta que el autor apuñaló a sus víctimas en el pene y las nalgas, es lógico para el autor señalar que existe una relación entre el necrosadismo y las parafilias, dejando una puerta abierta a la investigación futura. 

El autor recomienda a los investigadores centrarse en la gratificación producida por estos comportamientos, estudiar la historia sexual del delincuente, su percepción de sí mismo, entre otros aspectos más detallados en el artículo original.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Modus of Killer Profiling in Nordic Crime Series” de Bjelajac, Z. y Filipovic, A. (2022), en el que los autores hacen una revisión de lo que sabemos acerca de la perfilación criminal y de cómo ésta se representa en las series de crímenes nórdicas, haciéndolas especialmente realistas.

La perfilación criminal puede parecernos un campo de estudio reciente, pero lo cierto es que tiene una vida muy larga, aunque en su origen no fuese exactamente como la conocemos hoy en día.

Las personas encargadas de realizar investigaciones criminales a lo largo de la historia, siempre han tratado con indicadores de características mentales y físicas. 

Se estudiaba a los delincuentes de forma individual, como pacientes médicos; se registraban sus características físicas, su sensibilidad e inteligencia, sus hábitos, su lenguaje…

En el marco de la antropología, Cesare Lombroso fue un científico muy importante, que ya a finales del siglo XIX realizó una tipología de delincuentes. 

Según él, existían los criminales natos, que tenían anomalías físicas, fisiológicas y psicológicas que los hacían más proclives a cometer delitos. Tenían los instintos más salvajes y primitivos y eran insensibles, nacidos para el crimen. 

También propuso la existencia de los criminales con enfermedades mentales, los delincuentes por costumbre (con disposición para la delincuencia, moralmente desequilibrados), los criminales pasionales (personas hipersensibles con temperamento sanguíneo, muy nerviosos) y los criminales aleatorios (cometen crímenes bajo la influencia de estímulos externos). 

Las teorías de Lombroso gozaron de gran popularidad en su época. Sus investigaciones impulsaron el desarrollo de la criminología y la psicología forense, y llamaron la atención de la ciencia. 

Hoy en día, se sabe que, en concreto, Lombroso iba bastante desencaminado con esta clasificación de delincuentes; sin embargo, no se puede negar que gracias a él se hicieron importantes avances. 

Hoy en día, los expertos tratan de establecer una serie de patrones para detectar asesinos, siguiendo señales de alerta tempranas. Por ejemplo: crecer en familias disfuncionales o  tener una infancia difícil. Incluso un coeficiente intelectual alto, pues se ha observado en una cantidad importante de asesinos seriales. Este último es un punto que aparece reflejado en las series de crímenes nórdicas

¿Por qué mencionan los autores estas series? Pues bien, porque se trata de series con una atmósfera muy original, que ha relegado a un segundo plano las series policíacas americanas. A diferencia de éstas, que incluyen historias estereotípicas, en las series policíacas escandinavas se siguen investigaciones dramáticas, intrigantes, se tratan temas sociales y emocionales de crímenes brutales, así como la política de impacto y los medios de comunicación. Sobre todo, enfatizan la importancia de la psicología forense y la perfilación criminal. 

Pero, retomando la idea de que los asesinos en serie podrían compartir una serie de rasgos, ¿cuáles serían? 

Algunos tienen un historial de incendios provocados, enuresis nocturna preadolescente y tortura de animales pequeños. Estos rasgos se conocen como la Tríada de McDonald y tienen cierta controversia, puesto que muchos expertos los consideran rasgos de abuso; al mismo tiempo, se dice que el abuso en sí mismo también es un indicador de riesgo. 

Otras características son la manipulación emocional, las fantasías y delirios de grandeza, la asocialidad, el control deficiente de los impulsos, entre otros. 

Debemos mencionar que, si bien son las series escandinavas las que, en su gran mayoría, representan la perfilación criminal y la psicología forense con mayor detalle, lo cierto es que la perfilación criminal se desarrolló principalmente en el corazón del FBI. La serie “Mindhunter” lo representa muy bien: John E. Douglas y Robert Resler fueron los que, trabajando como agentes para el FBI, introdujeron un enfoque revolucionario para resolver crímenes, creando una base de datos basada en el perfil psicológico de los delincuentes a través de entrevistas directas con ellos. 

Entonces ¿cómo representan las series nórdicas la psicología forense y la perfilación criminal? 

Primero, hay que resaltar que se muestran de forma natural los problemas personales de los protagonistas e investigadores, convirtiéndolos en personas, no en héroes. 

En estas series, observamos cómo se conecta la escena del crimen con los perpetradores y se desarrolla la información de forma detallada.

Por ejemplo, en la serie “The Killing”, ambientada en Copenhague, hay muchos giros en la trama, predomina un ambiente oscuro, y se da una importancia similar a la historia de la familia de la víctima y a las implicaciones políticas de la investigación. Esta serie enfatiza que muchos acosadores no lo parecen, y, en apariencia, son buenas personas. 

Por otro lado, está “Modus”, que es una historia sobre el odio y la intolerancia a las personas homosexuales y explora temas como la prostitución homosexual, la adopción de niños de parejas homosexuales, o la discriminación de estas personas en general. 

“Darkness: Those who kill” cuenta la historia de la investigación de la desaparición de una niña, donde el culpable tiene una personalidad antisocial, con antecedentes de agresión, violación y encarcelamiento, con problemas de ira consecuencia de sus traumas infantiles. 

En resumen, lo que estas series nos transmiten es que la perfilación criminal tiene una base científica sólida, pero la intuición, la imaginación y la experiencia también son muy importantes. Un investigador criminal experimentado piensa en el autor del crimen y, cuando reúne todos los datos sobre él, los considera al detalle; después, va formando una imagen de esa persona y realiza una serie de predicciones razonables sobre cómo reaccionará en el futuro. Este enfoque es el que le ha proporcionado a estas series la popularidad que tienen hoy en día.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The emotional déficits associated with the Dark Triad traits: Cognitive empathy, affective empathy and alexithymia” de Jonason, P. K. y Krause, L. (2013), en el que los autores hacen una investigación acerca de cuáles son los déficits emocionales asociados con la famosa Tríada Oscura.

Maquiavelismo, narcisismo y psicopatía han sido identificados repetidamente en la literatura desde hace años como rasgos de personalidad aversivos. Tal es su poder negativo que forman la llamada Tríada Oscura, que tanto nos atrae.

El narcisismo está caracterizado por la superioridad y el dominio; el maquiavelismo, con la manipulación y el encanto social; la psicopatía, por último, se relaciona con las actitudes sociales insensibles o la impulsividad.

Desde hace unos años, se le ha prestado atención a la idea de que deficiencias emocionales como la ausencia de empatía pueden ser factores que subyacen a estos rasgos de personalidad.

Pero no sólo se ha relacionado con la Tríada Oscura la carencia de empatía, sino también la existencia de la alexitimia. Es decir, la incapacidad para describir y comprender las propias emociones.

A pesar de que estos dos déficits emocionales podrían estar relacionados, no se han estudiado simultáneamente hasta esta investigación.

¿Cómo podrían relacionarse? Los autores proponen la idea de que la capacidad de identificar o comprender las propias emociones (alexitimia) puede estar vinculada a la capacidad de identificar o comprender los sentimientos de los demás.

Es decir, la habilidad de ponerse en el lugar de otra persona (empatía) puede estar respaldada por la capacidad de tener primero conocimiento de los sentimientos propios.

Los psicólogos evolucionistas argumentan que los rasgos y disposiciones como la Tríada Oscura o la empatía limitada, podrían ser positivos para la adaptación de las personas siempre que les ofrezcan un mayor acceso a recursos.

Podrían, en realidad, proporcionar una ventaja competitiva al facilitar los comportamientos asociados con el logro de metas que requieren la explotación de los demás. ¿Cómo? Por ejemplo, a través del desprecio por los propios sentimientos o por los de los demás.

Con la alexitimia también podría ocurrir lo mismo. Esta perspectiva sugiere que puede ser adaptativa en el sentido de que podría facilitar la estrategia social explotadora que a menudo se vincula con la Tríada Oscura.

Para el estudio de los déficits emocionales de la Tríada Oscura y corroborar, o no, la literatura previa, los autores llevan a cabo un estudio con 320 voluntarios.

Se les pidió que puntuasen unas frases en función de si estaban de acuerdo o no con ellas, en una escala del 1 al 5. Estas frases se utilizarían para evaluar su narcisismo, psicopatía y maquiavelismo.

Se evaluaron también sus niveles de alexitimia y empatía con tests especialmente desarrollados para ello por especialistas del área.

Los resultados obtenidos fueron interesantes, y en la línea de lo que los autores hipotetizaron desde el principio.

Parece ser que tener bajos niveles de empatía y una capacidad o motivación limitadas para comunicar las propias emociones, facilita la estrategia social antagónica que aparece en los rasgos de la Tríada Oscura.

De hecho, pasar demasiado tiempo preocupado por los sentimientos propios o de los demás, sería un obstáculo para alguien que persigue una estrategia de vida típica de la Tríada Oscura. Estarían, por tanto, más enfocados en obtener lo que quieren del mundo externo que examinando su mundo interno.

Una de las limitaciones que los autores señalan en este estudio, es que había un gran desequilibrio en el número de hombres y mujeres. Consideran que en próximas investigaciones se debe intentar igualar el número e investigar en profundidad si existen diferencias entre unos y otros.

Comentan que, como conclusión, una baja empatía y una alta alexitimia pueden ser ventajosas evolutivamente para aquellos que poseen los rasgos de la Tríada Oscura y pretenden vivir la vida siguiéndolos (también se refieren a esto como “estrategia de vida rápida”).

Considerando estos rasgos como evolutivamente positivos, se conseguiría una despatologización de estos, de forma que no requerirían tratamiento, sino posiblemente, sólo una reconducción.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Does she kill like he kills? Comparison of homicides committed by women with homicides committed by men in Spain” de Santos-Hermoso, J.; Quintana-Touza, J. M.; Medina-Bueno, Z. y Gómez-Colino, M. R. (2021), en el que los autores realizan un análisis de las diferencias entre cómo matan las mujeres y cómo matan los hombres.

Los estudios sobre las conductas delictivas han mostrado que la mayoría de los delitos, especialmente los violentos, son cometidos por hombres.

En el contexto español, la tasa media de delincuencia de los hombres entre los años 2010 y 2018 fue cinco veces superior a la de las mujeres.

A pesar de las diferencias que refleja este dato, a lo largo de los últimos 20 años se ha registrado un aumento constante del número de mujeres condenadas por delitos violentos. Y no sólo en España; de hecho, Finlandia constató un aumento de los homicidios cometidos por mujeres entre 1995 y 2004.

Si bien el estudio de mujeres como víctimas de homicidio ha sido ampliamente estudiado, no ocurre lo mismo si pensamos en ellas como victimarias. Esto es así, principalmente, por el bajo nivel de prevalencia de mujeres asesinas. Y dentro del grupo de investigaciones sobre mujeres homicidas, aún hay menos que analicen los homicidios cometidos por ellas fuera del ámbito familia.

Pero ¿qué sabemos hasta ahora? Pues bien, una de las principales conclusiones extraídas de estos estudios comparativos, es que las mujeres matan principalmente a miembros de su familia, mientras que los hombres tienden a matar a conocidos y extraños.

En cuanto al género de las víctimas, la mayoría de los estudios muestran que tanto hombres como mujeres, prefieren a estas últimas.

Por otro lado, parece ser que las víctimas de corta edad tienden a asociarse con mujeres, principalmente por la implicación de estas en los casos de filicidio.

Con respecto a las características de los agresores, la literatura habla de que las mujeres tienden a estar casadas o en pareja y conviven con otras personas, mientras que los hombres suelen ser solteros y vivir solos. Otro dato sería que ellos suelen tener más antecedentes penales que ellas.

Sobre el consumo de alcohol y drogas, también es más probable que los hombres hayan consumido alguna sustancia, mientras que, con respecto a enfermedades mentales, es más probable que sean ellas las que tengan un diagnóstico previo.

Los hombres matan en escenarios públicos y al aire libre, mientras que las mujeres lo hacen en espacios cerrados, como los hogares. Ellos, además, usan armas de fuego en mayor medida, y ellas tienden a utilizar la asfixia o las armas blancas.

Con estos datos de trabajos anteriores, los autores realizan un estudio con la intención de profundizar en las diferencias entre unos y otros homicidios, pero sin limitarse a un ámbito específico como pueden ser los casos de pareja o los filicidios.

Para ello, analizan casos que corresponden a 577 homicidios resueltos por la Guardia Civil española entre 2013 y 2018 (un 95,5% del total de los casos registrados en esos años).

¿Cuáles fueron los resultados obtenidos?

En primer lugar, hay que señalar que las mujeres perpetradoras constituyeron un 9,8% del total de los perpetradores analizados. De este porcentaje, 3 de cada 4 fueron cometidos por mujeres en el ámbito familiar, destacando los casos de filicidio.

Con respecto al género de las víctimas, sorprendentemente se observó que las mujeres matan predominantemente a hombres, y no a mujeres como se creía; mientras que en los hombres ocurre al contrario. Las mujeres también preferirían a personas jóvenes, por lo que en aquellos casos en los que la víctima es un hombre joven, es más probable que el homicidio lo haya cometido una mujer.

En cuanto al perfil psicosocial, las mujeres asesinan a víctimas que pueden ser consideradas vulnerables, ya sea por lo que acabamos de comentar sobre la juventud, o por el hecho de que estas víctimas puedan exhibir algún tipo de enfermedad o dificultad mental en mayor medida que las víctimas de los hombres.

Sobre los perpetradores, la información que arrojan los autores es que las mujeres son, de media, algo mayores que los hombres, pero la diferencia no es significativa.

Un hallazgo importante que confirma conclusiones de otras investigaciones es que, en mayor medida que los hombres, las mujeres tienden a presentar o estar diagnosticadas con trastornos mentales en momento del incidente. Por otro lado, los hombres están más frecuentemente bajo la influencia de sustancias.

Un hallazgo interesante que las mujeres tienden a cometer los homicidios durante la tarde. No suelen llevarlos a cabo en presencia de testigos, probablemente porque ya hemos visto que prefieren espacios cerrados.

Además, tal y como sugerían otras investigaciones, parece ser que las mujeres tienden a desplazar los cuerpos. Esto puede explicarse porque la mayoría de sus víctimas son familiares y pueden optar por el desplazamiento del cuerpo como método de desvinculación; por otro lado, dado que las víctimas menores de edad están asociadas a las mujeres, sus cuerpos son más sencillos de mover.

Parece que existe consenso en que las armas de fuego son utilizadas principalmente por hombres y los métodos de asfixia por mujeres. De los 100 casos del estudio en los que se utilizaron armas de fuego, sólo 1 involucró a una mujer agresora.

En términos de los comportamientos de los perpetradores posteriores al homicidio, los estudios sugieren que las mujeres permanecen en la escena y tienden a confesar con mayor frecuencia que los hombres.

Este estudio proporciona una base interesante sobre la que seguir investigando las diferencias entre los homicidios cometidos por hombres y los cometidos por mujeres. Si bien una limitación existente podría ser que, sabemos que las mujeres cometen principalmente los homicidios en el ámbito familiar, ¿pero existen diferencias entre los homicidios familiares cometidos por mujeres y hombres?

Por otro lado, aún es necesario desarrollar estudios que incluyan el análisis de otras variables, como si existe o no relación previa entre víctima y victimario.

Los autores señalan este punto como una idea de la que pueden partir investigaciones futuras.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Is criminal expertise a feature of unsolved sexual assault involving theft?” de Reale, K. S.; Bauregard, E. y Chopin, J. (2021), en el que los autores estudian el papel de la experiencia criminal en la resolución de casos de agresiones sexuales con robos.

 Las agresiones sexuales son uno de los delitos violentos más comunes, pero también uno de los menos denunciados.

Incluso cuando se denuncian, las tasas de enjuiciamiento por ellos se encuentran entre las más bajas en comparación con otros delitos violentos.  Además, sólo una minoría de delitos sexuales tiene sospechosos concluyentes.

A pesar de estos problemas, ha habido poca información empírica sobre qué factores influyen en la capacidad de solución en la agresión sexual, ya que la mayoría de estudios se han centrado en factores que ayuden a resolver homicidios.

Sin embargo, sí hay algunos estudios que han demostrado, en el ámbito de las agresiones sexuales, que hay delincuentes profesionales diferenciados de los novatos porque han desarrollado un conocimiento y habilidades orientadas a la detección que hacen sus casos más particulares.

Y aunque es un primer esbozo, en realidad no se ha estudiado si esta experiencia tiene relación real con la resolución de casos. Es precisamente este vacío el que pretende llenar este estudio.

Pero, ¿qué es la pericia criminal? En delitos sexuales, se refiere a un delincuente que ha desarrollado habilidades relacionadas con el crimen y utiliza un modus operandi sofisticado que implica la evitación de la detección.

Algunos expertos han sugerido que hay delincuentes sexuales que, teniendo múltiples víctimas, y permaneciendo en el anonimato durante largos periodos de tiempo, terminarán desarrollando experiencia criminal que implicará aprender las habilidades y conocimientos necesarios para funcionar bien en un dominio en particular.

Esta perspectiva nos sugiere que los delincuentes que poseen esta característica, en principio tendrían más éxito cuando cometen crímenes e intentan evitar ser detectados.

Los autores se proponen estudiar esta posibilidad. Para ello, realizaron una investigación en la que todos los casos de la muestra son de agresión sexual en los que las víctimas son desconocidas (porque son los casos más difíciles de resolver) y víctimas en el mismo momento de robo de artículos personales.

El robo de artículos fetiche, en particular, puede ser un marcador de un delincuente parafílico con una importante peligrosidad sexual. También puede asociarse con una escalada en los delitos cometidos.

Fueron un total de 1041 casos analizados, obtenidos de una base de datos de la policía nacional de Francia con delitos registrados desde 1991 hasta 2018.

Los hallazgos sugirieron que el indicador conductual de la experiencia no es una característica relevante de los delitos sexuales no resueltos en la muestra estudiada. Es decir, no parece que los casos de agresión sexual no detectados puedan utilizarse como una estimación de los delincuentes expertos. Sin embargo, hubo más resultados interesantes.

Se encontró que el número de violaciones o actos sexuales cometidas por el delincuente, y el semen encontrado en la escena del crimen, sí se asociaban significativamente con la resolución del caso. Cuanto más contacto hay con la víctima, hay más probabilidades de ser detenido.

La única variable del delito asociada con el estado de un caso no resuelto era cuando se robaban artículos fetiche, en comparación con el robo de artículos valiosos.

No se puede excluir la posibilidad de que esto se relacione simplemente con que los artículos valiosos son más rastreables y, por tanto, ofrezcan un medio alternativo para que la policía identifique al sospechoso cuando no haya pruebas.

También es posible plantear la hipótesis de que los artículos fetiche son robados por delincuentes que pasan menos tiempo con la víctima o cometen actos menos intrusivos y, por tanto, dejan menos evidencia forense.

El análisis demostró que aquellos que roban artículos fetiche a sus víctimas, con menos frecuencia cometen actos de perpetración sexual. Por tanto, es posible que este tipo de delincuente sea también el más experto porque prioriza el robo sobre actos que tienen un mayor riesgo.

Este tipo de robo está también relacionado con la escalada de delitos, por lo que eventualmente se puede alcanzar una agresión sexual o asesinato.

Es decir, existe un vínculo entre el robo de fetiches y la escalada de delitos sexuales que puede reflejar un subgrupo particularmente importante de delincuentes no detectados.

En cuanto a las limitaciones del estudio, los autores señalan que sólo se investigaron agresiones sexuales con robo, y los resultados pueden no ser generalizables a otros tipos de agresiones sexuales. Además, sólo se examinó la experiencia criminal en violación de extraños.

Comentan que las investigaciones futuras deberían intentar replicar estos hallazgos en otros delitos sexuales e incluir información cualitativa más detallada relacionada con la experiencia del delincuente.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Deadly violence in Sweden: profiling offenders through a latent class analysis” de Khoshnood, A.; Ohlsson, H.; Sundquist, J. y Sundquist, K. (2020), en el que los autores dan unas nociones acercad el perfil criminal del delincuente sueco.

El homicidio y el asesinato son dos de los delitos más graves que se pueden observar en cualquier ordenamiento jurídico. Incluso la tentativa de homicidio se une a ellos, causando daños irreparables a las víctimas y a toda la sociedad.

A partir de 2015-2016, se ha visto aumentada la tasa de estos delitos en países de Europa occidental, como Suecia, que ha sido testigo de problemas crecientes con la violencia relacionada con armas de fuego y explosivos.

Esto nos llama la atención, debido a las políticas restrictivas con respecto a las armas de fuego que imperan en la mayoría del territorio de la Comunidad Europea.

Un estudio recientemente publicado mostró que la violencia letal ha sido más que duplicada en Suecia en comparación con 2012, que fue cuando la tasa de esta violencia fue mínima.

El 35% de estos homicidios se llevaron a cabo con armas de fuego y fue perpetrado por hombres de entre 15 y 29 años.

Por tanto, teniendo en cuenta esta tendencia creciente de la violencia mortal en Suecia, y que es el país con el porcentaje más alto en Europa occidental de homicidios relacionados con armas de fuego entre hombres jóvenes, es de vital importancia obtener más conocimiento sobre los delincuentes que perpetran este tipo de crímenes.

La identificación de las características comunes de los delincuentes para delitos violentos como los homicidios se pueden utilizar en la prevención de éstos y en la evaluación de riesgos.

Además, esta información ampliaría nuestra comprensión de qué personas pueden estar en riesgo de cometer delitos violentos, y contribuir a un mayor conocimiento sobre qué factores pueden ser de protección o perjudiciales para ellas.

Hasta ahora, solo unos pocos estudios sobre las características de los delincuentes y sus crímenes se basaron en personas suecas. Y si queremos estudiar al delincuente sueco, este tipo de datos son esenciales.  Además, esos estudios se limitaron a investigar muestras pequeñas o solo un tipo de delito violento.

Los autores intentan subsanar estas limitaciones identificando clases de individuos que cometieron homicidios o intentos de homicidios, incluso conspiración o preparación, en el contexto sueco.

Para ello, utilizaron información del Registro Sueco de Delitos y del Registro Sueco de Sospechosos Penales. Incluyeron a personas de entre 15 y 60 años de edad, condenadas y/o sospechosas de homicidio entre 2000 y 2015.

Además, se agregó información sobre criminalidad previa, abuso de sustancias y trastornos psiquiátricos.

Se contó con un total de 14.466 individuos. Más del 80% de ellos eran hombres, y la gran mayoría de nacionalidad sueca, aunque existía una proporción importante de inmigrantes de primera y segunda generación.

En cuanto a los resultados, aparece la siguiente información.

El modus operandi más común para el homicidio fue el uso de armas de fuego (42%) y más de la mitad de las personas incluidas habían sido condenadas previamente por delitos contra la propiedad (53%).

Un poco mas de la quinta parte de los individuos incluidos (23%) tenían un transtorno psiquiátrico y una gran proporción tenía problemas de alcohol (23%) o de abuso de sustancias (42%).

Una parte importante de las personas tenía un nivel educativo bajo (41%) y cerca de un tercio había recibido asistencia social recientemente (32,4%).

Con respecto al coeficiente intelectual, su resiliencia y rendimiento escolar, no se tuvieron datos para todos los sujetos, si bien aquellos para quienes sí existían mostraron valores bajos en las tres variables.

La mayoría de personas pertenecía a una clase socioeconómica baja.

Además, se vio cómo una historia previa de delitos es un factor de riesgo, tanto para la reincidencia como para cometer otro tipo de delitos. Esto se debe a que los delitos violentos aumentan el riesgo de seguir cometiendo delitos violentos, cuya intensidad va aumentando.

A diferencia de estudios internacionales, las personas de este estudio tenían una media de 39 años. Los delitos violentos graves suelen ser cometidos por jóvenes, con un promedio de 30 años. Por tanto, es un dato que consideramos se debe tener en cuenta.

Los resultados obtenidos son considerados consistentes para el contexto sueco debido a la gran muestra y la objetividad de los datos.

Son particularmente importantes para las autoridades policiales pertinentes y la organización de inteligencia de la policía, que pueden utilizar los hallazgos para crear mejores perfiles de delincuentes. Además, puede ser información de interés para centros penitenciarios y de libertad condicional, y pueden ser útiles para identificar y prevenir procesos que conducen a la violencia mortal.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Characteristics of persons accused of intimate partner homicide amongst forensic psychiatric observations”, de Valabdass, S. N.; Subramaney, U. y Edge, A. (2021), en el que los autores realizan un estudio para intentar obtener un perfil criminal de acusados de violencia íntima en la pareja que se encuentran en centros psiquiátricos a la espera de juicio.

La violencia dentro de la pareja es un tema que hemos tratado previamente en otros post y ya sabemos que es un problema con una gran dimensión que debe ser abordado con urgencia.

El homicidio dentro de la pareja se define como el asesinato intencional de la pareja actual o anterior, y dentro de la violencia en este ámbito se considera la forma más extrema. Estos homicidios pueden involucrar cónyuges, parejas actuales o que ya no lo son, parejas homosexuales y víctimas tanto masculinas como femeninas (en este caso, hablamos de violencia de género).

En un estudio global realizado en más de 66 países se encontró que el 13,5% de todos los homicidios, y el 38,6% de aquellos en los que las víctimas eran mujeres, fueron cometidos por las parejas íntimas de estas.

Un estudio en el contexto nacional de los autores, Sudáfrica, reveló que entre 1999 y 2009, aproximadamente el 50% de las víctimas de asesinatos u homicidios habían muerto a manos de sus parejas.

 Por tanto, es un fenómeno de especial importancia que debemos estudiar para mejorar en su prevención.

Existen algunas lagunas, aún a día de hoy, con respecto al perfil criminal de los acusados y las características del delito en aquellos casos de violencia en la pareja que son remitidos a observación psiquiátrica forense.

Esto es, casos de violencia en la pareja en los que se ha considerado que el victimario no era responsable penalmente o era inimputable debido a ciertas características.

El objetivo de este estudio es describir el perfil sociodemográfico, clínico y forense de los acusados remitidos a observación psiquiátrica forense. Además, los autores examinaron las características de los delitos.

El estudio consistió en una revisión retrospectiva de los expedientes de los acusados por homicidio o intento de homicidio en el contexto de la pareja que encontraban internados en un hospital psiquiátrico de Sudáfrica. Se tuvieron en cuenta los datos desde el 1 de enero del 2000 hasta el 31 de diciembre de 2018.

La muestra incluyó únicamente a mayores de edad, de ambos sexos. Fueron un total de 145 hombres y 18 mujeres. 33 de ellos tenían una enfermedad psiquiátrica previa y 108 admitieron consumir sustancias como alcohol y cannabis con cierta frecuencia. Además, el 26% de los acusados fueron victimarios anteriores de violencia de género.

Con respecto a las características del delito, se obtuvieron datos muy interesantes.

Por ejemplo, la gran mayoría de las víctimas eran el cónyuge o pareja actual del acusado. El apuñalamiento con cuchillo era el método homicida más común, seguido del disparo.

La mayoría de delitos ocurrieron en la residencia, o bien de la víctima o bien del victimario, habiendo casos en los que ambos la compartían.

El 69% de los acusados informó de no haber consumido ninguna sustancia en el momento del delito.

Además, hubo quienes señalaron motivos para cometer estos delitos. Los más comunes fueron rabia, infidelidad y separación.

Con respecto a la observación psiquiátrica, se vio que el 18% tenía un trastorno por consumo de sustancias; el 15%, uno depresivo mayor; el 9% tenía un trastorno del estado de ánimo; el 3%, demencia y un 1% contaba con algún tipo de retraso mental.

En general, se consideró que la muestra era más apta para ser juzgada que para no ser juzgada, así como que había muchos más acusados responsables penalmente que no responsables.

También se descubrió que el género es un factor de predicción significativo de ambas cosas: la aptitud para ser juzgado y la responsabilidad penal.

Esto es, los hombres tenían más probabilidades de ser considerados aptos y responsables, mientras que ocurría lo contrario con las mujeres.

La presencia de un diagnóstico psiquiátrico en el momento de la comisión del delito, se asoció significativamente con estos dos puntos. Tener una psicopatología como un trastorno psicótico o demencia en el momento de la infracción, hizo que fuera más probable que los acusados fueran considerados inadecuados para ser juzgados y no responsables penalmente.

Además, la literatura sugiere que el trauma infantil juega un papel muy importante. El trauma puede incluir abuso físico y/o sexual o presenciar violencia. Sin embargo, solo un 10% de la muestra refirió haber experimentado traumas infantiles. Existe la posibilidad de que los sujetos no hayan informado de haberlo experimentado o que los evaluadores no hayan indagado lo suficiente sobre esta posibilidad.

Al igual que la mayoría de estudios, este presenta limitaciones. Una de ellas es que por la propia naturaleza retrospectiva de éste, es posible que los datos no siempre estén completos y haya información inexacta o imprecisa.

Los autores señalan la necesidad de seguir ahondando en el tema, especialmente en el contexto de Sudáfrica en el que se encuentran, ya que existe muy poca investigación en él sobre el fenómeno.

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