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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Nonverbal Communication in Virtual Reality: Nodding as a social signal in virtual interactions”, de Aburumman, N.; Gillies, M.; Ward, J. A. y Hamilton, A. F. C. (2022), en el que los autores realizan una serie de experimentos para saber cómo influye el hecho de asentir en la percepción que tienen los usuarios de los avatares humanos en contextos de realidad virtual.

La interacción cara a cara es una parte central de la vida humana, se utiliza para transmitir ideas, compartir información, comprender las intenciones de los demás y sus emociones, generar confianza, tomar decisiones… 

Un objetivo importante para los investigadores en ciencias computacionales es el diseño de los entornos virtuales, incluidos los humanos virtuales y los contextos de realidad virtual inmersiva, que pueden simular una conversación real cara a cara. También es un objetivo importante para los investigadores en psicología comprender cómo se comportan los humanos durante las interacciones y probar teorías sobre qué aspectos de estas interacciones son más significativos.

Ya sea en una configuración física o virtual, la comunicación humana implica tanto intercambios verbales como comportamientos no verbales.

La comunicación no verbal es una herramienta eficaz y expresiva que se emplea para enviar y recibir señales sociales que los humanos han estado usando durante miles de años antes de que se desarrollara la capacidad de comunicación con palabras. Por tanto, tanto el análisis como la síntesis de la comunicación no verbal, constituye una parte esencial de la investigación de la interacción humano-ordenador.

Aunque la comunicación física sigue siendo más poderosa, la comunicación moderna está frecuentemente mediada por la tecnología, y se lleva a cabo virtualmente.

La realidad virtual es una forma digital de comunicación que puede facilitar la creación de una interacción inmersiva en tiempo real y mejorar la presencia social en entornos virtuales. 

En el presente estudio se empleó la realidad virtual en los experimentos ya que los autores consideraron que tenía un potencial sinigual para impactar en el futuro de numerosos sectores, como por ejemplo las conferencias virtuales, la educación, la consultoría, la rehabilitación social, la atención médica…

También se incluyó la comunicación no verbal, que incluye aspectos tan dispares como asentir con la cabeza, mantener el contacto visual, inclinarse hacia adelante o atrás, la orientación del cuerpo, entre otros muchos. En particular, asentir con la cabeza juega un papel importante en la regulación de una interacción, señalando quién debe tomar el turno de palabra, por ejemplo, o si alguien está interesado o no en un elemento en particular. 

Este tipo de señalización se denomina comúnmente backchannelling, y a menudo se produce para enviar mensajes sutiles en una interacción cara a cara. Por tanto, incluir este elemento en entornos virtuales, puede ser muy importante para hacer que el interlocutor se sienta cómodo y escuchado.

En este artículo, los autores llevan a cabo varios experimentos que involucran la interacción virtual entre un avatar controlado por humanos y un humano virtual cuyo comportamiento está controlado por un programa de ordenador. En estos experimentos, los autores se enfocan en cuatro tipos diferentes de señales no verbales que son muy importantes en la interacción humana cara cara: el parpadeo, asentir con la cabeza, expresiones faciales y cambio de la mirada. Además, manipularon específicamente el comportamiento de asentir con la cabeza entre dos humanos virtuales diferentes.

Los experimentos se llevaron acabo en el laboratorio de interacción social del University College London. Se pudieron recopilar datos de 21 participantes, de los cuales 15 eran mujeres y 6, hombres, con una edad media de 24 años.

El estilo de los avatares virtuales era poco realista, parecido a los dibujos animados, ya que este tipo de humanos virtuales es preferido antes que aquellos más realistas.

En la primera tarea, se dijo a los participantes que tendrían una conversación con dos humanos virtuales diferentes en realidad virtual, y discutirían una serie de hechos sobre algunos estados de Estados Unidos. El participante conoce a la primera humana virtual (Anna). Ésta se presenta, y le pide al participante que se presente. Después, Anna realiza un monólogo de 45-55 segundos, donde lee datos sobre un estado de EEUU y después, durante 35-45 segundos, Anna y el participante debaten. Después, el proceso se realiza al contrario. En total, el participante debe completar cuatro intentos con Anna y cuatro con la otra humana virtual, Beth. 

Diseñamos estos dos seres humanos virtuales para proporcionar idénticos parpadeos, expresiones faciales y comportamientos cambiantes de la mirada.

La única diferencia entre el comportamiento de las dos humanas virtuales es que una de ellas manifiesta un comportamiento naturalista de asentir que depende de las acciones de su pareja, mientras que la otra solamente muestra un movimiento de cabeza preconfigurado. 

La segunda tarea utilizó un laberinto virtual para medir implícitamente la proximidad, la confianza y la atracción que el participante siente hacia las humanas virtuales. 

Las humanas virtuales Anna y Beth se colocan en ocho puntos de decisión de la laberinto; el participante puede optar por acercarse a una o a otra para obtener consejos sobre cómo completar la actividad. 

Se encontró un impacto positivo del asentimiento naturalista, mostrando que a los participantes les gustaba más, y confiaban más en la humana virtual que asentía de esta manera, ya que fue calificada con una puntuación significativamente más alta que la otra humana virtual. 

Cuando se preguntó a los participantes por qué humana virtual había mostrado más atención a lo que estaba diciendo, las opiniones siguieron en esta línea, y la humana virtual con un asentimiento naturalista fue percibida como más comprometida con la interacción.

Además, en el experimento del laberinto, los participantes se acercaron más a la humana virtual que asentía más. 

Estos resultados apoyan la afirmación de que el mimetismo funciona como una especie de pegamento social, y que al copiar las acciones de otra persona es posible generar confianza y simpatía. 

Los estudios futuros podrían probar cómo esto se extiende a otros tipos de conversación y otros grupos sociales, por ejemplo, introduciendo la variable del género. 

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Conditions Influencing Effective Nurse Nonverbal Communication With Hospitalized Older Adults in Cameroon”, de Wanko-Keutchafo, E. L.; Kerr, J.; Baloyi, O. B. y Duma, S. E. (2022), en el que las autoras realizan un estudio en hospitales de Camerún para saber qué factores influyen en la calidad de la comunicación no verbal entre pacientes de edad avanzada y enfermeros que se encargan de su cuidado. 

Los adultos de edades avanzadas constituyen una proporción muy significativa de la población en todo el mundo, y en muchas ocasiones son los grandes olvidados.

Los adultos mayores llegaron a la cifra de más de 32 millones de personas en el África subsahariana en 2019 (el contexto de este artículo), y se prevé que alcancen los 101 millones en el año 2050, lo que supondrá un aumento del 218%.

Este rápido crecimiento implica que, con el tiempo, habrá una mayor necesidad de atender de forma médica a los mayores, y se espera que los enfermeros se relacionen con este tipo de pacientes más que con cualquier otro. 

Sin embargo, los pacientes tienen una amplia gama de experiencias personales que influyen en sus percepciones, que van aumentando en diversidad según van cumpliendo años. 

Además, los adultos mayores pueden experimentar déficits auditivos, cambios en la atención y codificación de la información, lo que puede restringir su interacción, participación y comunicación efectiva. Todo esto nos indica que las habilidades para tener una buena comunicación serán esenciales en enfermería. 

Como hemos dicho en numerosas ocasiones, la comunicación es la piedra angular de la sociedad humana y sustenta la vida en comunidad. 

En los entornos sanitarios, la comunicación eficaz es la base de cualquier relación. Es importante para comprender las necesidades de los pacientes y apoyar la mejora de su salud y bienestar. 

La comunicación, como ya sabemos, tiene componentes verbales y no verbales y por tanto, es más complicada que la simple transmisión de información. 

El aspecto no verbal hace referencia a las expresiones faciales, cómo nos comportamos en general, el uso del tacto, del espacio y las distancias, cómo movemos el cuerpo, la apariencia física, los silencios y el tono de nuestra voz… entre otros muchos elementos. 

Los factores que influyen en la comunicación entre enfermeros y pacientes parecen dividirse en aquellos relacionados con el enfermero, con el paciente, con el ambiente, los físicos y los psicológicos

Las autoras han identificado algunos dentro de estos grupos. Por ejemplo, factores relacionados con los enfermeros podrían ser la insatisfacción laboral, la carga de trabajo o el tiempo insuficiente. Sobre el entorno, podríamos señalar el hecho de que sea un lugar con mucho movimiento, muy ajetreado. Dentro de los factores físicos podemos mencionar el espacio en las habitaciones, el ruido o la falta de privacidad. Y, por poner más ejemplos, en los factores psicológicos, la ansiedad, el nivel de autoestima, trastornos, e incluso la religión. 

Cuando la comunicación es efectiva, los pacientes se sienten cuidados, respetados y más capaces de describir sus preocupaciones. 

También merecen investigación las actitudes discriminatorias por la edad, los prejuicios y estereotipos en función de tener más o menos años, como, por ejemplo, hablar de forma condescendiente. 

Las autoras se proponen con este artículo describir las condiciones que influyen en la comunicación no verbal efectiva de los enfermeros con adultos mayores hospitalizados en el contexto camerunés. 

El estudio se realizó en dos hospitales públicos de referencia y enseñanza en Camerún. Diez enfermeras mujeres, cuatro estudiantes, dos gerentes y un auxiliar de enfermería participaron, dejando que se observase su conducta al tratar con pacientes de edades avanzadas. Los datos se recopilaron entre julio de 2018 y enero de 2020. 

Los hallazgos revelaron que los factores que más influyen son aquellos relacionados con los enfermeros. 

Parece ser que lo más determinante son las creencias y prejuicios, los rasgos de su personalidad, las experiencias personales y el amor y vocación por su trabajo

Por otro lado, parece ser que las creencias religiosas facilitan una comunicación verbal positiva entre enfermeros y pacientes; sin embargo, esto no es algo que se de siempre, ya que en un estudio de 2019 se informó de que los pacientes musulmanes esperaban que los enfermeros se inclinaran ante ellos al atenderlos y, si no lo hacían, eran percibidos como insolentes. 

La conciencia de las enfermeras sobre su comportamiento no verbal es también muy importante, puesto que, cuanto más pendientes parecen estar de transmitir sentimientos positivos, más efectivo parece ser. En este punto influye, por supuesto, la experiencia. 

Se sugiere que, para mejorar cada vez más la comunicación no verbal entre enfermeros y pacientes, se creen programas educativos para profesionales de la salud, promocionando mayoritariamente la empatía.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “No evidence that instructions to ignore nonverbal cues improve deception detection accuracy”, de Bogaard, G. y Meijer, E. H. (2022), en el que los autores realizan una serie de experimentos para saber si, cuando a alguien se le da la orden de ignorar el comportamiento no verbal de una persona, efectivamente lo hace, y presta más atención a las señales verbales, facilitando así el proceso de detección de mentiras y llevándolo a cabo de forma más eficaz. 

Cuando se pregunta a las personas qué buscan en una persona cuando tratan de desenmascararla y descubrirla en sus mentiras, la mayoría responde, generalmente, que prestan atención a señales no verbales como la aversión a la mirada o la inquietud general.

La gente cree que tales señales no verbales son las más difíciles de suprimir y controlar, mucho más que las señales verbales, por lo tanto, son muy útiles para detectar las mentiras. 

Esta creencia de que las señales no verbales son un diagnóstico infalible para los diagnósticos de engaño es común en la mayoría de países. Incluso expertos dedicados a ello como policías, funcionarios penitenciarios, oficiales de libertad condicional, fiscales o jueces, lo creen firmemente en muchas ocasiones. 

Sin embargo, esta creencia está en desacuerdo con la investigación empírica, que muestra que la relación entre las señales no verbales y el engaño es, en realidad, más débil de lo que pensamos. 

El conocimiento de las claves de comunicación no verbal es útil para muchas áreas, pero la evidencia empírica ha demostrado que prestarles atención únicamente a ellas no es el método más fiable para pillar a un mentiroso.

En muchas ocasiones se advierte a jueces y fiscales de que no presten atención a si un testigo desvía la mirada, se mueve, está nervioso o habla demasiado rápido, puesto que son señales que pueden llevar a equívocos. 

Incluso desde departamentos de policía de distintas partes del mundo, como es el caso de la policía holandesa, se recomienda de forma expresa a los agentes que las señales no verbales estereotípicas no indican engaño y, por lo tanto, no deben usarse para emitir juicios de credibilidad. 

Con base en la investigación del área legal, hay motivos para ser escépticos acerca de la efectividad de ignorar las instrucciones al emitir un juicio. Los autores señalan que, cuando la evidencia inadmisible (es decir, señales no verbales evidentes) causa una impresión significativa en los jurados, es muy complicado eliminar el impacto, a pesar de que se les haya indicado expresamente que, por favor, no presten atención a algún elemento específico. 

La investigación empírica muestra que las señales verbales son, efectivamente, más diagnósticas para la mentira que las señales no verbales. Los mentirosos son generalmente menos comunicativos, cuentan historias de forma menos convincente y plausible, e incluyen menos detalles comprobables. Y por tanto, las personas que confían más en este tipo de señales cuando emiten juicios de engaño, superan en precisión a las que confían únicamente en las señales no verbales. 

Además, tener formación sobre las conductas verbales a las que atender, se correlaciona positivamente con la precisión en la detección de mentiras. 

Por tanto, si se dan instrucciones de prestar atención a las señales verbales, es posible que se obtenga un aumento en la precisión del diagnóstico de la mentira

Para comprobar esto, los autores llevaron a cabo tres experimentos que tenían más o menos la misma base. Los participantes debían ver unos vídeos donde unas personas eran entrevistadas y contaban eventos de sus vidas. Algunos de estos relatos eran mentira y otros eran verdad. Los participantes fueron divididos en varios grupos, cada uno de ellos con una condición: uno de ellos no recibió ningún tipo de instrucción, a otro grupo se le indicó que ignorara las señales no verbales, y al último se le indicó que, además de ignorar las señales no verbales, intentase prestar atención únicamente a las verbales. 

Los resultados muestran que dar instrucciones de ignorar las señales no verbales está lejos de ser suficiente para evitar que las personas se vean influenciadas por ellas, y por tanto, lejos de mejorar la detección del engaño. 

En uno de los tres experimentos parece que mejoró este último punto, sin embargo, no de forma estadísticamente significativa. 

Ignorar las señales no verbales parece ser una tarea muy complicada, posiblemente porque juegan un papel vital en la interacción social diaria. Esta confianza en las señales no verbales se denomina sesgo visual.

Se sugiere que la investigación futura debería dedicar esfuerzos a investigar sobre este tema, ya que depender demasiado de las señales no verbales puede llevarnos a tomar decisiones erróneas en diagnósticos de veracidad y mentira, lo cual, dependiendo del contexto, puede ir de la mano con consecuencias muy negativas que, con investigación, podría prevenirse. 

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Effectiveness, Attractiveness, and Emotional Response to Voice Pitch and Hand Gestures in Public Speaking”, de Rodero, E. (2022), en el que la autora realiza un estudio para saber cómo influyen las variaciones en la intensidad del tono de la voz y la frecuencia y exageración de los gestos realizados con las manos, en la efectividad de los discursos en público.

Cuando vemos y escuchamos a una persona mientras habla, se pueden distinguir dos partes diferenciadas en la comunicación que son muy importantes: lo que dice esa persona y cómo lo dice, es decir, el contenido y la forma del mensaje. O, dicho de otra forma, la comunicación verbal y la no verbal, ambas igualmente importantes. 

La autora decide centrarse en este caso en la comunicación no verbal, ya que cada parte de nuestro cuerpo, cada movimiento, expresión facial o variación de tono, tiene un significado. De hecho, nuestro cerebro puede crear una impresión sobre alguien que da un discurso en sólo milisegundos, atendiendo únicamente a su rostro, su cuerpo, o escuchando su voz. 

Ya hemos mencionado en numerosas ocasiones que existen distintos canales de comunicación no verbal. Por un lado, tenemos todo lo relacionado con la kinésica, como son los gestos, las posturas o el movimiento; también está el paralenguaje, lo que son los rasgos de la voz; la proxémica, que se refiere al espacio y la gestión de las distancias; la apariencia de las personas, como la vestimenta, las joyas, incluso el color de la piel. 

Las señales de comunicación no verbal pueden influir en la percepción y el procesamiento del mensaje. Usamos nuestros cambios corporales y de voz para reforzar o calificar lo que decimos, transmitir emociones, actitudes, intenciones, regular el flujo de la comunicación…

Según expertos, los líderes carismáticos utilizan variaciones del tono de la voz, contacto visual, gestos y expresiones faciales para diferenciarse del resto. La forma en que los presentadores de televisión, por ejemplo, utilizan sus voces y gestos al hablar en público, es crucial para involucrar a la audiencia, atraer su atención y provocar emociones. 

En esta investigación se analiza la efectividad, el atractivo y la respuesta emocional de diferentes estrategias relacionadas con el tono de la voz y los gestos de las manos en los discursos públicos. Pero ¿por qué estos dos elementos?

En primer lugar, la voz juega un papel muy importante en nuestras relaciones sociales, y por tanto en los mensajes persuasivos, como los discursos públicos. Cómo usamos la voz se llama prosodia, y representa el conjunto de características que usamos al hablar. 

Uno de los componentes más importantes de la prosodia es la entonación, sin embargo, la investigación sobre la influencia de las variaciones de la entonación cuando se trata de discursos en público es escasa, a pesar de su importancia. 

En 2011, un estudio encontró que los cambios sustanciales de tono aumentaron la persuasión y la credibilidad, y en 2021 se concluyó con que un tono más alto y variado en la voz, se relaciona con un mayor carisma. En discursos públicos, una entonación enfática moderada se considera la más efectiva, capta más atención y provoca mayor excitación, mejorando la comprensión, debido a su dinamismo. 

Sin embargo, aunque estos cambios son muy positivos, las variaciones excesivas podrían ser contraproducentes y hacer que el discurso sea exagerado y poco natural, por lo que la hipótesis de la autora es que la estrategia moderada sería la mejor opción. 

Por otro lado, tenemos los gestos con las manos. Según los expertos, las personas que usan gestos con las manos son percibidas como más efectivas, persuasivas, creíbles, dominantes, extrovertidas, sociables y honestas. Por lo tanto, hay una tendencia a asociar rasgos positivos con los movimientos de las manos. 

Un estudio realizado con charlas TED, concluyó con que los gestos de las manos hacen que el orador parezca más convincente. Sin embargo, como ocurre con el tono de la voz, una excesiva intensidad podría resultar exagerada y provocar distracciones. La hipótesis de la autora también es abogar por estrategias moderadas. 

Para el estudio, se grabaron un total de 48 vídeos de discursos cortos en los que se combinaban tres variaciones del tono de la voz (suave, moderado, intenso) y tres intensidades de gestos con las manos (suaves, moderados, intensos). 120 estudiantes universitarios formaron la muestra del estudio. 

Los hallazgos mostraron que las señales de comunicación no verbal examinadas fueron relevantes para determinar la efectividad y el atractivo de un discurso público.

La estrategia con variaciones de tono moderadas, en lo relativo al tono de la voz, fue la más efectiva y atractiva, seguida del estilo de variaciones altas y, en tercer lugar, las pocas variaciones. El resultado está en línea con los hallazgos de estudios previos.

Una estrategia equilibrada con cambios de tono, ni pocos ni muchos, se percibe como más dinámica y, por tanto, más eficaz, ya que una voz más expresiva siempre se percibe mejor que una voz aburrida, y aporta carisma. 

En cuanto a los gestos, ocurrió exactamente lo mismo. La estrategia moderada fue la que más éxito tuvo, seguida de la estrategia de muchos gestos y, en última posición, pocos gestos. 

Al combinar las estrategias relacionadas con el tono de la voz y las de los gestos, se obtuvo el hallazgo novedoso de que, cuando la voz experimenta variaciones moderadas del tono, son efectivos tanto los gestos moderados, como los gestos exagerados. 

Los resultados de este estudio permiten avanzar en el análisis de claves no verbales, especialmente, como es lógico, en el estudio del tono de la voz y la gestualidad. La autora señala la necesidad de dedicar mayores esfuerzos a estudiar los efectos de ambos canales combinados, que, como hemos visto, pueden ofrecer respuestas prometedoras a preguntas interesantes. 

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Can third-party observers detect attraction in others based on subtle nonverbal cues?” de Samara, I.; Roth, T. S.; Nikolic, M.; Prochazkova, E. y Kret, M. E. (2022), en el que los autores realizan varios experimentos para saber si un tercero observador es capaz de saber, a través de señales no verbales, si las dos partes de una pareja sienten atracción entre sí.

Los humanos producen e infieren rápidamente estados emocionales a través de expresiones faciales o corporales en la vida cotidiana. 

Aunque algunas emociones son más sencillas de reconocer que otras, las personas las pueden comunicar de manera eficiente usando señales no verbales. 

Uno de estos estados emocionales con mayor importancia es la atracción, crucial para la elección de la pareja. 

Observar y descifrar mensajes no verbales sutiles, como sonrojarse o sonreír levemente, podría facilitar la respuesta ante la pregunta de si una persona está interesada en volver a ver a otra. Sin embargo, aún no se ha examinado si tales señales no verbales pueden detectarse con tanta precisión como otras emociones. 

En el estudio objeto del artículo, los autores investigan si los observadores externos pueden detectar la atracción entre extraños durante una cita rápida utilizando fragmentos de vídeo. 

Este tema es de especial interés para los autores porque la atracción es una emoción poderosísima. Puede guiar nuestro comportamiento durante las interacciones sociales, acercarnos o alejarnos de personas. Al igual que otras emociones, la atracción influye también en los demás. En particular, la experiencia de la atracción está relacionada con una mayor excitación, que se puede observar incluso con procesos fisiológicos.

Investigaciones anteriores han demostrado que, en las citas rápidas, una persona puede indicar si le gustaría volver a encontrarse con su cita sólo tres segundos después de mirarla. Esto sugiere que la atracción puede surgir rápidamente y guiar el comportamiento durante la acción social. 

Los humanos son capaces de ocultar sus sentimientos o transmitir algo contrario a lo que sienten para dirigir sus interacciones sociales según deseen. Sin embargo, a pesar de nuestros mejores esfuerzos, hay señales específicas sobre las que no tenemos control. Por ejemplo, al ver a alguien que nos interesa sexoafectivamente, nuestras pupilas pueden dilatarse y un rubor distintivo puede aparecer en nuestras mejillas. 

Aunque no hay una expresión clara, hay señales sutiles de tipo no verbal que cuando se expresan indican interés y disponibilidad. Sin embargo, pueden ser ambiguas. Es importante tener en cuenta que hay muchos factores que pueden influir en la detección de la atracción.

En una serie de tres experimentos, los autores estudian si los observadores pueden detectar la atracción en una pareja de extraños que tiene una cita atendiendo sólo a pequeñas porciones de esa interacción. Específicamente, se examina si esto está influenciado por la edad, la fase de la interacción y/o la duración del estímulo. 

Los vídeos fueron recopilados durante un estudio de citas a ciegas realizado en los Países Bajos en 2021. En él, los participantes se sentaron en extremos opuestos de una mesa y se les informó de que tendrían tres interacciones separadas con su pareja: una fase de primera impresión, una fase de contacto visual (ya que al principio tenían tapados los ojos) y una fase verbal. 

Se instruyó a los observadores del estudio del artículo para que prestaran atención a los vídeos, sin instrucciones específicas sobre a qué debían prestarle atención específicamente. Al final, se les preguntó si creían que las personas de la cita querrían repetirla. 

Finalmente, los autores no encontraron pruebas sólidas que respaldasen la idea de que las personas puedan detectar de manera confiable la atracción o ausencia de atracción a través de observar fragmentos de vídeos de citas, y basándose en señales no verbales.

Sin embargo, parece ser que la precisión aumentó cuando las personas de los vídeos sí sentían atracción, y disminuyó cuando las personas no la sintieron. 

Dado que los hallazgos anteriores han enfatizado la importancia de las señales no verbales sutiles en la comunicación de la atracción, cabe preguntarse si la baja precisión observada en la detección de la atracción puede deberse a una ausencia de comportamientos asociados a ésta. Es decir, ¿habría suficiente información presente para que los observadores la captasen? 

La conclusión obtenida es que las personas no pueden detectar con certeza cuándo existe atracción entre dos personas atendiendo sólo a señales no verbales, pero parece ser que cuando las personas sí se atraen, es más sencillo percibirlo, lo cual, señalan los autores, puede ser muy interesante para investigaciones futuras.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Does attention to one’s own emotion relate to the emotional interpretation of other people’s faces?”, de Munin, S. y Beer, J. S. (2022), en el que las autoras realizan un par de estudios para saber si, tal y como nos parece en primera instancia, existe una relación positiva entre prestarle atención a las emociones propias e inferir correctamente las emociones que otros sienten a partir de sus expresiones faciales.

Debido al interés que la comunicación no verbal ha ido despertando en los últimos años, algunos expertos se han preguntado algo que parece lógico: ¿la tendencia de las personas a prestar atención a sus propias emociones predice su capacidad de percibir correctamente las emociones de los demás? 

Las investigaciones han demostrado que desde la infancia y durante la edad adulta, las personas tienden a observar las expresiones de los rostros de otras personas en busca de pistas sobre cómo pueden sentirse, pero hay pocos estudios que se centren en si existe una relación como la descrita anteriormente. 

Aunque ninguna investigación ha examinado directamente la atención a las emociones propias en relación con la percepción ajena de éstas, es posible extrapolar hipótesis de investigaciones previas sobre las diferencias individuales en cuanto a la atención a la emoción y cómo esta se asocia con la categorización, también de las emociones. 

Una de ellas es la posibilidad de que los individuos con mayor atención a la emoción puedan tener una mayor capacidad para diferenciar las expresiones faciales percibidas en los demás y ser capaces de indicar la intensidad o la autenticidad de éstas. Esta es la idea que hemos mencionado algo más arriba, ya que es la que nos viene a todos a la mente si reflexionamos sobre el tema, pero ¿es cierto?

Lo que sabemos es que las personas con una mayor atención a las emociones controlan las suyas propias con mayor frecuencia, son más propensas a dejarse llevar por ellas y, también, tienen una mayor tendencia a utilizar su estado de ánimo como base para tomar decisiones. 

Sin embargo, no es tan sencillo cuando se trata de las emociones de otras personas, tema sobre el que se necesita más investigación. 

Con los artículos y publicaciones existentes se pueden elaborar dos hipótesis. Primero, que parece ser que los individuos que prestan más atención a las emociones, mostrarían una mayor capacidad de diferenciación de las señales que informan de la intensidad y la autenticidad emocional. Segundo, parece ser que también son capaces de etiquetar de forma más precisa las emociones de otra persona. Por último, hay otras investigaciones que dicen que estas personas pueden sobrevalorar la autenticidad de las emociones que ven en los rostros de los demás. 

Para aclarar estas cuestiones, las autoras decidieron realizar dos estudios. En el primero de ellos se analizó si las diferencias individuales en la atención a las emociones están relacionadas, de forma significativa, con las percepciones de la intensidad y la autenticidad de éstas en otras personas. 

Participaron 256 personas. En el experimento, vieron 48 imágenes de expresiones faciales presentadas al azar, con las emociones de enfado, felicidad o tristeza, y calificaron su intensidad emocional. Por otro lado, vieron 10 imágenes de sonrisas presentadas al azar, 5 de ellas eran “sonrisas Duchenne”, y tuvieron que puntuar la autenticidad de todas. 

El segundo estudio era muy similar al primero. Participaron 254 personas, que completaron una encuesta online con tareas de intensidad emocional, test relacionados, preguntas demográficas, entre otras. 

Los resultados observados no fueron consistentes con las hipótesis sugeridas por las investigaciones anteriores. En el estudio 1 no se encontró que la capacidad de prestar atención a las emociones propias moderara significativamente la capacidad de percibir la intensidad o la autenticidad emocional ajena.

Además, las percepciones de la emoción de los rostros de otras personas no siempre son precisas y, a menudo, quienes perciben hacen interpretaciones sesgadas. 

La investigación futura puede investigar situaciones en las que el comportamiento facial de los demás es muy breve, o también tener en cuenta estos sesgos que pueden aparecer cuando se interpretan las expresiones faciales e identificarlos. 

A medida que la investigación futura amplíe su enfoque y preste atención a cómo las diferencias individuales en la atención a la emoción pueden dar forma a la interpretación de los movimientos faciales, también podría considerar nuevas hipótesis y, con ellas, dar lugar, a su vez, a más investigaciones relevantes y de importancia. 

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Effects of color-emotion association on facial expression judgments”, de Takei, A. e Imaizumi, S. (2022), en el que los autores realizan un par de experimentos para investigar cómo se asocian ciertos colores a determinadas emociones cuando se trata de inferir éstas a partir de expresiones faciales.

Los seres humanos a menudo expresamos las emociones vinculándolas con colores en nuestras conversaciones del día a día. Por ejemplo, en inglés y japonés se utiliza mucho el color azul para expresar la tristeza (“I’m feeling blue” = «Me siento triste»). 

Sin embargo, también asociamos las emociones con la percepción visual de los colores. Por ejemplo, en WhatsApp podemos usar un emoticono de una cara de color rojo para transmitir enfado. De hecho, es posible que, debido a que la ira supone un aumento de flujo sanguíneo en el rostro, enrojeciéndolo, las personas hayan aprendido a ver este color en una cara de enfado. 

Todas estas asociaciones lingüísticas y perceptivas forman parte de las asociaciones color-emoción. 

La teoría de la metáfora conceptual puede explicar la asociación color-emoción. De acuerdo con esta teoría, para comprender los conceptos abstractos relacionados con el pensamiento y la acción, los humanos aplican las estructuras de otros conceptos concretos a los conceptos abstractos específicos, que son experiencias perceptivas claras. En otras palabras, las estructuras metafóricas de conceptos como “la tristeza es azul” y “la ira es roja” facilitan la comprensión de conceptos relacionados con las emociones.

Debido a tales asociaciones, la percepción de los colores puede recordar a las personas de forma explícita o implícita las emociones correspondientes e incluso sesgar sus juicios sobre los estímulos emocionales que reciben. 

Por ejemplo, en un estudio de 2020, los participantes tendieron a asociar la ira y el amor con el rojo, la tristeza con el gris y la alegría con el amarillo. En otro estudio de 2012, relacionaron con la ira las palabras escritas en rojo con más rapidez que si éstas se escribían con azul. Esto sugiere que el rojo se asocia con la ira y mejoraría el procesamiento lingüístico relacionado con ella.

En términos de cognición social, es importante que los humanos comprendan los estados emocionales de los demás. Las expresiones faciales son especialmente útiles para ello, pero también se utilizan otros recursos. De forma parecida, los colores asociados con las emociones también afectan al reconocimiento y el juicio de las emociones combinados con las expresiones faciales. 

En un experimento de 2013, los participantes categorizaron rostros enfadados contra fondos rojos, azules o grises. Los resultados mostraron que el juicio de rostros enfadados fue más rápido contra un fondo rojo, lo que sugiere que el color facilita el reconocimiento de expresiones faciales. 

En otro experimento, este de 2020, los participantes categorizaron las imágenes de caras y emoticonos que representaban la felicidad y la ira sobre un fondo rojo o verde. Las imágenes de ira se volvieron a categorizar más rápido de forma correcta sobre el fondo rojo, ocurriendo lo mismo con la felicidad y el color verde. 

Aunque estudios previos como esto sugieren asociaciones color-emoción, algunas han sido más controvertidas, como la de la tristeza y el color azul. En algunos países es así, pero en otros está asociado con emociones positivas. En un estudio de 2020 se sugería que el gris estaba más relacionado con la tristeza que el color azul, pero aún hay que explorar más esta idea. 

Para ahondar sobre todo esto y saber con qué colores se asocian algunas emociones, los autores llevaron a cabo un par de experimentos.

El primero de ellos se realizó con 20 sujetos y se utilizaron fotografías de personas mostrando felicidad y tristeza. Se colocaron sobre un fondo de color amarillo, azul o gris, y se pidió a los participantes que ignoraran los colores y juzgaran si la cara expresaba felicidad o tristeza. 

El experimento dos, en el que participaron 19 personas, fue igual al primero, excepto porque el color del fondo fue mostrado un poco más tarde que el rostro, superponiendo el estímulo facial al estímulo del color. 

Los resultados sugieren que el amarillo, que se pensaba que estaba asociado con la felicidad, facilita el juicio de la expresión facial feliz, lo cual es consistente con hallazgos anteriores. 

Sin embargo, aunque se esperaba que el azul y/o el gris estuviesen asociados con la tristeza, los resultados no apoyaron esta idea. 

Aquí es donde entra la teoría de la metáfora conceptual otra vez, con la idea de que “la felicidad es luz” y “la tristeza es oscuridad”. 

El contraste de alegría y tristeza puede interpretarse no sólo como una valencia emocional distinta, sino también como diferencias extremas en su brillo. 

Los resultados pueden interpretarse como una sugerencia de que el amarillo facilita el juicio de la felicidad porque activa una asociación metafórica de “ligereza-felicidad” que proporcionan los colores brillantes. 

Por otro lado, el gris y el azul podrían no ser colores simbólicos de la oscuridad y, por tanto, no activar la asociación “oscuridad-tristeza”. 

Por otro lado, gracias al experimento 2, se sugiere que la asociación color-emoción es más fuerte cuando el color y la emoción se experimentan perceptivamente de forma simultánea. 

Los autores señalan, como conclusión, que sería muy interesante continuar investigando sobre cómo la luminancia y el brillo de los colores afecta a la percepción de las emociones.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Shall I Show My Emotions? The Effects of Facial Expressions in the Ultimatum Game” de Ferracci, S.; Giuliani, F.; Brancucci, A. y Pietroni, D. (2021), en el que los autores realizan un par de experimentos para saber cómo afecta la expresión de algunas emociones a los momentos más tensos de una negociación. 

En los últimos años se ha demostrado que las emociones tienen un papel esencial y central en la comunicación de las intenciones y los deseos. 

Las emociones y la información asociada a ellas se pueden transmitir a través de expresiones faciales durante interacciones sociales específicas, donde su inferencia puede influir en procesos de toma de decisiones, como por ejemplo, las negociaciones

El juego del ultimátum tiene mucho que ver con las negociaciones. Fue desarrollado hace cuarenta años como una representación de la realidad de las negociaciones. En este juego, un jugador propone cómo asignar una determinada cantidad de dinero entre él y otro jugador. Este segundo jugador puede aceptar la propuesta, en cuyo caso cada uno recibirá la cantidad decidida, o bien puede rechazarla, haciendo que ninguno de los jugadores reciba dinero. 

Según la economía clásica, el que responde tendría que aceptar cualquier oferta mayor que 0, ya que cualquier cosa es mejor que nada. Sin embargo, se ha observado que los participantes tienden a rechazar las ofertas que están, aproximadamente, por debajo del 30% del total, prefiriendo no ganar nada antes que aceptar una distribución desigual del dinero. Por tanto, frente a la teoría económica clásica, aparece el comportamiento humano y su intolerancia a la desigualdad. 

A partir de esta idea, surge la duda de cómo influye la expresión de las emociones humanas en las negociaciones, tema que ha sido estudiado con anterioridad.

En algunos de estos artículos previos, parece ser que las ofertas propuestas con una cara sonriente fueron aceptadas con mayor frecuencia en comparación con las realizadas con una expresión facial neutra. Además, solía haber tasas de aceptación más bajas si las ofertas eran realizadas por una persona con expresión facial de enfado. 

El comportamiento del respondedor, por otro lado, podría estar más impulsado por la sensación de justicia y equidad percibidas de la que ya hemos hablado antes. 

En cuanto a los estudios que hacían que el participante asumiera el papel del proponente, Van Dijk estudió los efectos de la alegría y la ira del respondedor sobre las ofertas del proponente. Encontró que el enfado del respondedor llevaba al proponente a hacer mejores ofertas.

Estos estudios señalan que los proponentes deben tener mucho cuidado en captar el estado emocional de quien responde, ya que así pueden utilizar información obtenida para modular sus respuestas posteriores.

También es interesante el papel de la ira, con resultados diferentes. Por un lado, hay estudios que demuestran que cuando el respondedor reacciona con ira, el proponente realiza más concesiones. Pero por otro lado, hay estudios que afirman lo contrario. 

Los autores deciden explorar y esta y otras cuestiones en dos experimentos. En el primero de ellos participaron 113 personas. Los autores seleccionaron imágenes de rostros que se manipularon para ofrecer cuatro expresiones: feliz, neutral, enfadado/a y asqueado/a. Los participantes, en este caso, fueron los que debían responder si aceptaban o no la oferta. 

En el segundo experimento, a todos los participantes se les asignó el rol contrario, el de proponente. Participaron 134 sujetos y la metodología y el procedimiento fueron los mismos. 

Los resultados mostraron que, en el experimento uno, para la persona que responde la decisión está fuertemente impulsada por la equidad en la oferta, tal y como los autores esperaban. 

También las emociones tuvieron efecto: la emoción neutral y la felicidad llevaron a tasas más altas de aceptación en comparación con la ira y el asco. 

Algunas teorías han intentado explicar los comportamientos irracionales en la toma de decisiones relacionadas con la equidad, como la de “la aversión a la desigualdad”, que confirma las preferencias de los individuos por resultados justos. 

Por otro lado, en el experimento dos, los participantes, en el rol de los proponentes modularon sus ofertas en función de las expresiones que vieron en los rostros de los respondedores.

Específicamente, la ira y el asco no tuvieron efectos diferenciales y se percibieron como igualmente negativos. Se propusieron ofertas más generosas a aquellos con expresiones neutrales, y más generosas aún a los que mostraban expresiones faciales de felicidad. 

Entonces ¿qué pasa con la ira y los estudios previos con ideas contrapuestas? Un trabajo realizado por Steinel y colegas propone la idea de que la ira tendrá un efecto u otro en función de hacia dónde se proyecta. 

Cuando la emoción se dirige a la oferta, puede entenderse como una estrategia para conocer los límites del oponente y, por tanto, puede dar lugar a mayores concesiones. 

Por el contrario, si la emoción se dirige a la persona, puede conducir a resultados negativos, indicando poca cooperación. 

Los autores señalan la necesidad de seguir investigando, sobre todo para conocer los efectos de la ira y el asco en profundidad, y mejorar estos experimentos, por ejemplo, con incentivos reales y más altos. 

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Hong Kong women project a larger body when speaking to attractive men”, de Lee, A. y Ng, E. (2022), en el que los autores realizan un pequeño experimento para saber si las mujeres heterosexuales realizan cambios en su voz cuando hablan con hombres que les resultan atractivos.

¿Tener una voz bonita nos reporta beneficios sociales? Según algunos estudios, parece que sí. Los oyentes tienden a asociarla con una cara atractiva, una personalidad simpática, e incluso una buena salud. 

Además, percibir a una persona como atractiva y más simpática, conduce a ventajas en citas, solicitudes de empleo, ascensos en el trabajo, elecciones públicas, más apoyo social… 

Sin embargo, aunque la apariencia física no se puede alterar fácilmente, sí se puede modular la voz y con ello, influir en la percepción que los demás tienen de nuestra apariencia. 

Entonces, ¿cómo conseguir esto? ¿Cuáles son las tendencias de modulación de la voz para influir en nuestro atractivo físico?

Existen dos hipótesis, aparentemente contrapuestas, que buscan explicar la fonética de una voz atractiva. Son la hipótesis del promedio y la proyección del tamaño corporal. 

La primera hipótesis defiende el fenómeno del atractivo del promedio, y argumenta que las voces similares a la media de la población se consideran más atractivas. 

Desde el punto de vista evolutivo, la voz promedio puede indicar buenos genes ya que ha resistido a los cambios adaptativos y se ha convertido en la norma, produciendo un efecto similar al de las caras promedio, que parecen sugerir una buena condición física y de salud. 

Por otro lado, la hipótesis de proyección del tamaño del cuerpo sostiene que los animales usan su voz para proyectar diferentes tamaños corporales y cumplir con ciertas funciones comunicativas. 

Extendiendo esta idea a los humanos, un estudio descubrió que una voz masculina, en inglés, atractiva para las oyentes femeninas heterosexuales, era una que sonaba como procedente de una persona grande, ocurriendo lo contrario para una voz femenina y oyentes masculinos heterosexuales. 

En general, parece que una voz atractiva es aquella que se asemeja a la media de la población, con ciertos tamaños corporales proyectados que agregan efectos de realce, pero sin desviarse del promedio. 

Se ha visto, sin embargo, que las hablantes femeninas estadounidenses utilizan cada vez más un cierto tono chirriante en sus voces. Esto parece desviarse del principio de proyección del tamaño del cuerpo, ya que se considera que ésta característica pertenece a un cuerpo grande por su sonoridad. También hay evidencias de que el uso de la voz chirriante por parte de las mujeres estadounidenses se considera menos atractivo que una voz normal. 

Por lo tanto, parece ser que no todos los cambios que se producen en las estrategias vocales se alinean con lo que el sexo opuesto considera atractivo. 

Otros estudios realizados con población no occidental encontraron que, si bien los principios generales de la voz promedio y la proyección del tamaño del cuerpo pueden mantenerse, existen ciertas desviaciones específicas según el idioma en el que se hable. Por ejemplo, en japonés y mandarín, la proyección de un tamaño corporal muy grande no sería atractivo ni para hombres ni para mujeres. 

Partiendo de estas ideas y estudios, los autores investigan los cambios vocales en las mujeres heterosexuales cuando se dirigen a un hombre que les resulta atractivo, todo ello en el contexto del habla cantonesa. 

Un total de 19 mujeres participaron en el estudio. Primero vieron unas fotografías de hombres y tuvieron que decir cuáles les parecían atractivos, en una escala del 1 al 10. Con base en las calificaciones anteriores, se les presentaron imágenes de los más atractivos por un lado y también los menos atractivos y se les propuso a las mujeres un juego de rol: tenían que fingir que eran compañeros de universidad y hacerles una pregunta hablada, que posteriormente sería analizada. 

Incluso con las variaciones interlingüísticas, los autores esperaban que las mujeres cantonesas usaran al menos algunas señales que proyectasen un tamaño corporal pequeño. De forma inesperada, las participantes parecían tratar de proyectar una voz que sonara grande cuando hablaban con una cara atractiva.

Esto puede ser porque intentasen, de forma deliberada, sonar menos nerviosas o ansiosas frente a una pareja potencial atractiva. Sin embargo, esta idea debe interpretarse de forma cautelosa. 

Estudios futuros deberían analizar otros factores, los autores sugieren investigar si el ciclo menstrual tiene alguna influencia y también aumentar el número de sujetos del estudio. 

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Gender Biases in Estimation of Others’ Pain”, de Zang, L.; Reynolds Losin, E. A.; Ashar, Y. K.; Koban, L. y Wager, T. D. (2021), donde los autores realizan dos experimentos para saber si las mujeres sienten o expresan más dolor que los hombres o es al contrario. 

La estimación precisa del dolor de los demás a partir de señales no verbales es un aspecto esencial de la comunicación interpersonal, ya que es la base de la empatía y los cuidados. 

Reconocer el dolor de los demás es una habilidad interpersonal cada vez más valiosa, tanto para los médicos como para el resto de la población. 

Aunque el dolor se suele evaluar a través de autoinformes, el reconocimiento de las expresiones faciales de dolor es una parte muy importante de la evaluación. 

Como las expresiones de dolor son comportamientos comunicativos, las interpretaciones de los observadores de esas expresiones son un aspecto crucial de la comunicación del dolor. Estas interpretaciones se ven afectadas no sólo por las características de las expresiones de dolor, sino también por el conocimiento del observador y los sesgos que tenga sobre el dolor y las características de quienes lo padecen. 

Por ejemplo, varios estudios han probado que es más probable que se recomiende tratamiento psicológico para las mujeres que sufren una dolencia más que para los hombres, a los que se les recetan analgésicos. Por tanto, las pacientes femeninas tardan más tiempo en recibir medicación analgésica. Sin embargo, es importante señalar que existen otros estudios sobre los sesgos sexuales en el tratamiento del dolor que muestran el patrón opuesto, o ninguna diferencia sexual significativa. 

A pesar de las evidencias clínicas de subestimación y tratamiento insuficiente del dolor en las pacientes femeninas, los hallazgos de laboratorio sobre los sesgos sexuales han sido inconsistentes y de hecho, en algunos estudios se ha determinado que las mujeres sienten más dolor que los hombres, teniendo en cuenta sus expresiones faciales. 

Es decir, parece que una gran parte de los resultados en la evaluación del dolor la deciden las expresiones faciales. Por tanto, controlar las medidas objetivas de la expresividad facial en general y del dolor en particular, es un paso importante para aislar el sesgo del perceptor. 

En este contexto también existen estereotipos de género relacionados con el dolor, por ejemplo, que las mujeres se quejan más que los hombres y no informan de forma precisa de su dolor, o que los hombres son más sensatos y cuando se quejan de su dolor, es real. Estas creencias afectarían a la evaluación del dolor y su tratamiento. 

Para profundizar en el tema, los autores realizaron dos experimentos. Primero, compararon las diferencias en la estimación del dolor en hombres y mujeres, controlando que haya el mismo nivel de expresividad facial y también controlando el dolor autoinformado por los pacientes. Esto es necesario porque la cantidad de dolor que experimentan los pacientes es muy variable, también porque la respuesta facial al dolor es una de las señales más destacadas que utilizamos para estimar el dolor, y por último, porque la expresividad de los pacientes puede afectar a las estimaciones del observador a través de la empatía. 

Para el experimento 1, participaron 50 voluntarios que tuvieron que ver una serie de videos de rostros de personas que experimentaban algún dolor. Cada vídeo fue codificado a través del sistema FACS, y fueron especialmente relevantes las unidades de acción AU4 (descenso de las cejas), AU6 y 7 (contracción de los párpados), AU9 y 10 (contracción del elevador) y AU43 (cierre de ojos). Estas unidades de acción son representativas de la emoción del dolor.

Además, los vídeos incluían un autoinforme de los pacientes donde calificaban su propio dolor. 

El objetivo de este experimento fue probar si el sexo de los pacientes afecta a la estimación del dolor según los observadores. La hipótesis era que si no se controlaba la intensidad de las expresiones faciales, las pacientes femeninas serían percibidas como con más dolor que los pacientes masculinos. Si, por otro lado, hubiese niveles similares de expresión y dolor autoinformado, serían los pacientes masculinos los que serían percibidos como pacientes con más dolor. 

Los resultados no respaldaron las hipótesis. No se percibió que los pacientes masculinos y femeninos tuvieran diferentes grados de dolor antes de controlar el dolor, la expresividad facial y el dolor autoinformado del paciente. Sin embargo, se percibió que las pacientes femeninas tenían menos dolor que los pacientes masculinos cuando sí se controlaban las expresiones faciales y los autoinformes. 

El segundo experimento fue muy similar, salvo que se añadieron unos cuestionarios de opinión sobre el tratamiento para el dolor y los estereotipos de género. 

En general, se subestimó el dolor de las mujeres en relación con el dolor autoinformado, mientras que sobreestimaron el de los hombres. Además, las pacientes femeninas, según los observadores, se beneficiarían más de la psicoterapia que los pacientes masculinos. 

La subestimación del dolor y la psicologización en el tratamiento del dolor de las mujeres podría tener efectos secundarios muy negativos en su salud. Por tanto, se debe tener en cuenta la existencia de estos estereotipos y actuar en consecuencia, para que tanto hombres como mujeres reciban el tratamiento que necesitan y su salud no se vea perjudicada. 

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