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Amigos del Behavioral Economics Blog, esta semana presentamos el artículo “Depression and financial planning horizon”, de Choung, Y.; Chatterjee, S. y Pak, T. Y. (2022), en el que los autores realizan un estudio con personas de distintas generaciones para comprender cómo padecer una depresión afecta a las decisiones que tomamos en el contexto financiero.

Las observaciones y estudios más recientes han apuntado en los últimos años a un procesamiento de las recompensas deteriorado en las personas que conviven con la depresión, teniendo en cuenta que la desesperanza forma parte del cuadro clínico de la enfermedad.

El estado de ánimo depresivo a menudo se asocia también con una falta de expectativas positivas, lo que puede afectar a la motivación de las personas para invertir en el futuro. 

Es decir, la evidencia empírica sugiere que las personas con depresión no aceptan con frecuencia las recompensas futuras en comparación con personas sin dificultades de salud mental.

De estas recompensas futuras, la mayoría son económicas. Y una forma de medir y organizar la economía personal es el llamado “horizonte de planificación financiera”. Es decir, el período prospectivo según el que las personas formulamos nuestros programas de ahorro y gastos. Un ejemplo de esto es la contratación de un plan de jubilación, que indicaría un horizonte de planificación financiera muy amplio y extenso en el tiempo.

Si bien la mayoría de personas miramos hacia el futuro con cierto optimismo, no suele ser así en el caso de las personas con depresión. Y, debido a que los estudios consideran que una gran cantidad de factores afecta al horizonte de planificación financiera, como, por ejemplo, la salud o la personalidad individual, los autores creyeron muy interesante investigar sobre el papel de la depresión en este contexto

Aproximadamente 17,3 millones de adultos en Estados Unidos han sufrido uno o más episodios depresivos mayores desde 2017. Además, el número de adultos deprimidos que reportaron necesidades insatisfechas en el tratamiento de su enfermedad ha ido aumentando progresivamente en los últimos 10 años en ese mismo territorio.  

Dada la creciente prevalencia de la depresión y sus posibles consecuencias económicas, existe una creciente necesidad de entender cómo los síntomas de esta enfermedad afectan a la toma de decisiones financieras. 

La evidencia más reciente apunta a que la sintomatología depresiva está relacionada con el descuento temporal y la aversión al riesgo. Es decir, por un lado, es posible que la depresión influya en el marco de tiempo en que las personas programan sus ahorros y sus gastos, porque quizás prefieran las recompensas inmediatas antes que aquellas para las que hay que esperar; y por otro lado, la depresión puede influir en la propensión de las personas a tomar decisiones arriesgadas porque altera los rasgos de su personalidad y su comportamiento. Es este tema el que interesa a los autores y sobre el que intentan arrojar luz. 

Algunos artículos sobre el tema demuestran que existen una serie de cambios en las preferencias temporales a la hora de recibir recompensas después de experimentar vivencias traumáticas como desastres naturales o conflictos armados. Estos sucesos se traducen en estrés, que, en general, es un importante precursor de la depresión.

Para estudiar todas estas ideas, los autores utilizaron una muestra compuesta por cinco cohortes distintas de personas que habían nacido entre 1931 y 1959. Se utilizaron una serie de escalas con validez científica y comunes en psicología para valorar los síntomas depresivos. Además, se hicieron preguntas relacionadas con el área financiera.

Los resultados de los autores sugieren que las personas con depresión tienen más probabilidades de enfocar su planificación financiera en el corto plazo. Además, parece ser que estas diferencias en relación al resto de la población, fueron impulsadas no sólo por la depresión, sino también por el pesimismo, el poco control percibido, el tabaquismo, el consumo de alcohol, la falta de ejercicio

En general, los resultados apuntan a una sólida asociación entre los síntomas depresivos y un horizonte de planificación financiera más corto. Esto puede explicarse por la perspectiva pesimista de quienes conviven con esta enfermedad, así como por la subestimación de los años que la persona enferma considera que le quedan por vivir, el  cual se reduce aún más si a la depresión le acompañan el deterioro de la salud física o pérdidas cognitivas. 

Los autores esperan que se sigan realizando estudios sobre la depresión y cómo afecta al desarrollo normal de la vida, con el objetivo de intervenir y mejorar los síntomas negativos

Por ejemplo, proponen la creación de servicios de planificación financiera asequibles, de manera que cualquiera pueda acceder a ellos y, por tanto, sea más sencillo para todo el mundo manejar su economía de forma saludable y previsora. 

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